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xekeko
6,659 vistas · 3 años hace

⁣Tomiko vivía en una pequeña habitación de alquiler, el espacio era modesto pero decorado con esmero, lleno de elegantes vestidos y ropa que había ido acumulando. Cada pieza era un recordatorio de sus impulsos desmedidos, ya que, aunque le gustaba vestirse con estilo, esos gastos la habían dejado con varios meses de deuda de alquiler. El peso de las facturas impagas comenzaba a presionarla, pero cada vez que tenía dinero en sus manos, prefería gastar en algo nuevo para lucir. Ese ciclo la llevó al borde de un enfrentamiento inevitable con su casero.

Esa tarde, su casero, un hombre de presencia imponente con músculos marcados y una barba bien cuidada, la llamó a su oficina. Sabía que la deuda no podía seguir acumulándose, y su tono fue duro y directo desde el comienzo, dejando claro su frustración. Sin embargo, mientras Tomiko escuchaba, algo dentro de ella decidió que, en lugar de disculparse o justificar sus acciones, intentaría otra estrategia. Vestida con uno de sus trajes más favorecedores, comenzó a acercarse a él de manera sutil, dejando que su presencia cambiara la energía en la habitación.

Mientras ella suavemente lo miraba, el enfado de su jefe comenzó a desvanecerse. Sus gestos se hicieron menos rígidos, y la tensión sensual empezó a aumentar. Tomiko, consciente de su efecto, se movía con delicadeza, mientras él, cada vez más distraído por su cercanía comenzaba a excitarse, ella fue bajando los tirantes de su vestido para mostrarle su par de hermosos senos, él ahora preso del deseo comenzó a a tocarla, acariciando su piel mientras ahora le subía el vestido descubriendo sus sensuales nalgas, La deuda sería pagada con una buena sesión de sexo desenfrenado.

xekeko
7,524 vistas · 3 años hace

⁣Diego, el joven ayudante de un chamán, se quedó solo cuidando el local. Desesperado por su falta de suerte con las mujeres, miró al Ekeko, una pequeña figura que traía abundancia, y le pidió un deseo, casi sin esperanza. Para su sorpresa, minutos después, una hermosa mujer llamó a la puerta. Llegó buscando una solución para su mala suerte con los hombres, lo que creó una extraña conexión entre ambos.


A medida que conversaban, la tensión entre ellos crecía, alimentada por la cercanía y la energía del lugar. Sus miradas se volvían más intensas, y cada palabra compartida parecía acercarlos más. Diego no podía negar la atracción que sentía, y ella, casi como si lo percibiera, se dejaba envolver por el ambiente místico del local.

El deseo finalmente los dominó. En un impulso inevitable, se acercaron y se dejaron llevar, besándose en medio del local, donde el poder del Ekeko parecía haberse manifestado de la manera más inesperada.